Tengo un pedacito de cielo, a nadie se lo he mostrado, no quiero perderlo, te lo he reservado. Me lo compran a cambio del paraíso y vida eterna; la oferta fue una ofensa y mi respuesta su pena. Volví con los lirios, para hacerles compañía y ellos me contaron que un dragón por mi pedacito de cielo venía. Tomé tus besos como armadura y tus ojos como lanzas. Me encaminé a la guarida del dragón, en el camino no había una flor. Cuando llegué hasta él, me vio y lloró, entre pantano y niebla un jardín nació, el dragón se convirtió en amor. De regreso a mi morada, me encontré con Narciso, pudo levantar su mirada y llorando se desvaneció en sus aguas. Quizás vio en mis ojos el cielo que guardaba. La noche abrió su puerta y Dios notó que faltaba algo; miró por el hueco, yo le abrí mi pecho; él me acogió. A los lirios les encargué que junto con mis besos, te dieran tu pedacito de cielo.