PINTA DE ROJO ESE MANTO MARÍA
- !Pinta, pinta, pinta de rojo ese manto María, que no quede ni un espacio en blanco, del rojo de tus labios María, del rojo de la maldita manzana que Eva dio a comer a Adán así como tu a mi, del rojo de tus ojos cuando acabas de llorar, o como el que me has hecho escoger hoy María, de ese lo quiero y de ningún otro!... Me habías dicho que te gustaba el rojo, a Dios también María, porque con ese color llenó nuestro cuerpo. ¿Tú recuerdas María lo que te dije el otro día? Recuerdo que mis palabras fueron suaves como tu vientre, dulce como tu lengua, pero no me hiciste caso María, traté de hacerte entender, traté de que te dieras cuenta, traté María, traté, pero nada valió. Míralo ahí, todo de rojo María, el color que te gusta a ti y a él. !Qué bonito está todo María! Mira como emana el rojo por el manto, está precioso María. Con razón me dijiste que me fuera, ¿Era una sorpresa? Porque lo lograste. Una pregunta María, ¿Por qué rojo? Hay más colores, ¿Por qué usas sólo el rojo? Es un color fuerte, reúne lo mejor y lo peor. Mira, está el azul, el azul del cielo, el del mar. ¿Qué me dices del amarillo, es alegre y es el del sol y el de tu sonrisa, pero mira María, estás tiñendo el suelo de rojo y no veo que haces nada para evitarlo, pero nada, siguiendo con los colores, yo hubiera preferido el negro, ese el que me habita, el de los misterios, el de la noche y el de los corazones como el de ese, ¿cómo se llama, el de la guerra inventada? Ese mismo, que más da, no vamos a empañar el momento. ¿Qué me dices del verde? Naturaleza y aquel papel que compra alma y vende vidas, ¿Ese no te gusta María? Ya se, el blanco, no, ya es muy tarde, blanco María, como tus pechos, tus pechos María, a ellos los sentía tan cerca que mi sangre y la tuya luchaban por unirse en el abrazo. Pero el blanco no, mejor no, porque con el blanco se confunde tu pureza y tu alma. Pero, pero ¿qué estoy diciendo? Si fui yo mismo quien eligió el color. Ya no lo puedo cambiar, es imposible, ya el manto está manchado, ¿Podemos cambiar el manto María? Ya me lo imaginaba, es solo uno, no hay más y no puede haber más.
- Yo realmente no lo quería rojo María, ¡Tú tuviste la culpa!, ¿Por qué no me escuchaste María? ¿Por qué no seguiste mis palabras como yo seguía las tuyas? Yo parecía un perfecto idiota, me hacías sentir como un títere, yo hacía todo lo que tú me pedías, ¿y tú qué? ¡Nada! Solo tenías que hacer una sola cosa María y era amarme, amarme como yo a ti, pero no, no lo hiciste. ¿Por qué María? ¿Por qué? ¡Te odio María, desgraciaste mi vida, hoy por ti soy una basura, mírame, mírame, te digo que me mires!; está bien, si no me quieres mirar no me mires... Perdón, no te voy a reclamar ahora, y menos en las condiciones en que estás, toda pintada de rojo, si pudiera cambiar mi decisión. Pero no, no la cambiaría. De rojo María, lo quiero rojo y de ningún otro, no me diste opción, así lo voy a dejar porque eso es lo que te mereces. !Te odio María!... María. ¿Recuerdas las caminatas por el parque? Todo era tan hermoso, ¿Por qué me hiciste cambiar el manto a rojo María? Yo no lo quería rojo, tú lo sabes. María, ¿Tu recuerdas los besos que nos dimos? Me hacen falta, ¿A ti no María? Ya lo sabía, me fui dando cuenta, los tuyos eran cada vez más fríos y dejados, como si fueran en tu contra; los míos sin embargo llenaban de vida a mi ser muerto, yo sentía María, yo sentía ese dulce que dejabas en mi, ¿y tú, qué sentías?... ¡Por eso es que no puedo María, no puedo dejarte María! Si no me hubieras dejado, hoy el manto sería blanco, todo sería diferente: tendriamos hijos, a la niña la llamaría María como tu, para acariciar mis oídos con tu nombre mas a menudo, caminaríamos de la mano como en aquellos tiempos, todo sería tan perfecto a tu lado María... !Pero ya no me importa nada, no tengo remordimientos, a fin de cuenta fuiste tú quien tomó la decisión de pintar el manto de rojo, de nada tengo yo la culpa aunque todos vayan a decir lo contrario...! Ahora te contemplo y recuerdo que cuando te conocí tenías la misma belleza que hoy veo en ti, creo que soy adicto a ti María, no creo que tenga nada de malo soñarte todas las noches, oler tu ropa interior en la cama, escribir tu nombre en las paredes y despertar llamándote entre sudores y lágrimas, que triste es María cuando no estás en ese momento... !Porque no era justo decidí escoger el manto de rojo María, yo te amaba y a ti no te importó! Los domingos nuestra casa era el paraíso, nos olvidábamos del mundo exterior y se lo dedicábamos al amor, tú cocinaba al medio día y yo podaba el jardín, claro, eso después de una mañana repleta besos y caricias. ¿Qué pasó María? ¿Por qué cambió todo? Amaba verte llorar en las noches del teatro, conmovida por una historia inventada, pero... ¡La nuestra, la nuestra es real María, y ahora el que lloro soy yo María...! pero ahora no, no me gusta verte llorar ahora, no es igual, no en esta ocasión. Ya me voy María, te dejo, quizás vaya a pintar mi propio manto de rojo y así terminar con todo, realmente no se, ya nada tiene sentido María, mi sentido eras tu, si te doy la espalda es posible que nada vuelvas a pintar, y nunca me vuelvas a ver, de eso estoy seguro. Si tan solo me hubieras amado como yo lo hice. Pero me alegro, me alegro que te quedes ahí, toda pintada de rojo, te lo merecías, pero te amo tanto. Me quiero ir. ¿Podré dar los pasos que me separan de ti María? ¿Podré retirarme y dejarte en las huellas de mis zapatos para que el viento se encargue de mis recuerdos? ¿Podré María? No se como hacerlo, quiero hacerlo, quiero olvidarte como tu lo hiciste, quiero dejarte atrás como tu lo hiciste, quiero... quiero... amarte María! Quiero tenerte María!! Te quiero conmigo María! !Vuelve María!...
Wellington Gómez