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Soledad

Heme aquí, sólo, y más que solo escuchando una gota de agua que cae en la bañera y me despierta cada cinco segundo de mi constante letargo, lo hace breve, y eterno; dulce y amargo, ya no se si es a mi favor o en mi contra, que sigue luchando por vivir en el constante caer y desintegrarse en un millón de partículas; no lo puedo negar, me gusta, es una atracción fatal. La soledad, nos lleva de paseo a donde quiere la conciencia, a pensar en la que ya no queremos recordar, o en el episodio que quisiéramos olvidar. La soledad es una amiga interesada, que tanto nos puede hacer daño, como nos puede acariciar, de tal forma que nos volvemos amantes de la prostituta que odiamos y que a la vez nos mata. La soledad resume, analiza y revisa nuestra existencia, ¿Qué hicimos? ¿Qué no hicimos? ¿Qué debí de hacer? ¿Qué voy hacer? ¿Qué hubiera sucedido si…? La soledad nos envuelve de tal manera que olvidamos usar los labios y nos dedicamos sólo a pensar. Pensar: ese lenguaje misterioso que nos estruja la verdad aunque no queramos, ese lenguaje que te hace odiar o amar tu propia compañía. Entre la soledad y el pensamiento existe una estrecha relación, ambas se combinan, una te separa del mundo, y la otra se apodera de ti, es por eso que muchas veces estamos solo entre tanta gente; y por la misma razón a veces cuando mejor acompañados estamos, es cuando estamos solos. La soledad es constante, ha existido desde siempre, nosotros somos lo que invadimos su espacio, y ella celosamente nos hace pagar el precio. La soledad nos acompañó desde el principio, cuando éramos inquilinos en el vientre de nuestra madre, ahí todo era como nuestra alma: silenciosa, tibia, segura y misteriosa. De una forma u otra volvemos al lugar donde pertenecemos, existe una soledad que nos espera: la tumba. La vida no es mas que un caminar entre dos soledades. La soledad no pregunta para entrar, solo entra. La soledad domina gran parte de nuestros actos, es por ella por la que hoy escribo, es por ella que nace un nuevo río por mis mejillas cuando no me da tregua; y es quizás la razón por la que Dios nos creó, ¿se habrá sentido solo? ¿Podría ser que en verdad la soledad no existe? Que lo que conocemos como conciencia es nuestra eterna compañera y nos hemos negado a compartir nuestra vida con ella, buscando siempre afuera lo que tenemos dentro. Piensa, ¿Cuándo has estado solo o sola realmente? Nunca. Podríamos concluir que la soledad no es mas que la separación entre yo y mi yo interno. No estas solo realmente, es una percepción equívoca de una compañía que aun hoy ignoramos. Retírate contigo mismo, aléjate de lo habitual y te encontrarás con alguien que has llevado siempre en la parte trasera de tu maleta sin ni siquiera darte cuenta.  Dale una oportunidad a ese genio interior que no tiene años como tu cuerpo, dale la oportunidad a ese que siempre se ha mantenido observando cada decisión tomada, cada error, cada acierto y no ha dicho nada ¡Hoy es hora de que le des una oportunidad a la soledad.

         Tengo un pedacito de cielo, a nadie se lo he mostrado, no quiero perderlo, te lo he reservado. Me lo compran a cambio del paraíso y vida eterna; la oferta fue una ofensa y mi respuesta su pena. Volví con los lirios, para hacerles compañía y ellos me contaron que un dragón por mi pedacito de cielo venía. Tomé tus besos como armadura y tus ojos como lanzas. Me encaminé a la guarida del dragón, en el camino no había una flor. Cuando llegué hasta él, me vio y lloró, entre pantano y niebla un jardín nació, el dragón se convirtió en amor. De regreso a mi morada, me encontré con Narciso, pudo levantar su mirada y llorando se desvaneció en sus aguas. Quizás vio en mis ojos el cielo que guardaba. La noche abrió su puerta y Dios notó que faltaba algo; miró por el hueco, yo le abrí mi pecho; él me acogió. A los lirios les encargué que junto con mis besos, te dieran tu pedacito de cielo.

 

        

Rojo el corazón de su blanca bravura,
en la Sierra hoy descansa el recuerdo y su ternura.
Amo de nada y esclavo de todos,
su estrella se fue al cielo y nos dejó solos.
Su alma guerrera mató su descanso,
y por la libertad conoció el espanto.
Vuela hermano al nido de las utopías,
vuela hermano que se acerca el día.

PINTA DE ROJO ESE MANTO MARÍA


- !Pinta, pinta, pinta de rojo ese manto María, que no quede ni un espacio en blanco, del rojo de tus labios María, del rojo de la maldita manzana que Eva dio a comer a Adán así como tu a mi, del rojo de tus ojos cuando acabas de llorar, o como el que me has hecho escoger hoy María, de ese lo quiero y de ningún otro!... Me habías dicho que te gustaba el rojo, a Dios también María, porque con ese color llenó nuestro cuerpo. ¿Tú recuerdas María lo que te dije el otro día? Recuerdo que mis palabras fueron suaves como tu vientre, dulce como tu lengua, pero no me hiciste caso María, traté de hacerte entender, traté de que te dieras cuenta, traté María, traté, pero nada valió. Míralo ahí, todo de rojo María, el color que te gusta a ti y a él. !Qué bonito está todo María! Mira como emana el rojo por el manto, está precioso María. Con razón me dijiste que me fuera, ¿Era una sorpresa? Porque lo lograste. Una pregunta María, ¿Por qué rojo? Hay más colores, ¿Por qué usas sólo el rojo? Es un color fuerte, reúne lo mejor y lo peor. Mira, está el azul, el azul del cielo, el del mar. ¿Qué me dices del amarillo, es alegre y es el del sol y el de tu sonrisa, pero mira María, estás tiñendo el suelo de rojo y no veo que haces nada para evitarlo, pero nada, siguiendo con los colores, yo hubiera preferido el negro, ese el que me habita, el de los misterios, el de la noche y el de los corazones como el de ese, ¿cómo se llama, el de la guerra inventada? Ese mismo, que más da, no vamos a empañar el momento. ¿Qué me dices del verde? Naturaleza y aquel papel que compra alma y vende vidas, ¿Ese no te gusta María? Ya se, el blanco, no, ya es muy tarde, blanco María, como tus pechos, tus pechos María, a ellos los sentía tan cerca que mi sangre y la tuya luchaban por unirse en el abrazo. Pero el blanco no, mejor no, porque con el blanco se confunde tu pureza y tu alma. Pero, pero ¿qué estoy diciendo? Si fui yo mismo quien eligió el color. Ya no lo puedo cambiar, es imposible, ya el manto está manchado, ¿Podemos cambiar el manto María? Ya me lo imaginaba, es solo uno, no hay más y no puede haber más.


- Yo realmente no lo quería rojo María, ¡Tú tuviste la culpa!, ¿Por qué no me escuchaste María? ¿Por qué no seguiste mis palabras como yo seguía las tuyas? Yo parecía un perfecto  idiota, me hacías sentir como un títere, yo hacía todo lo que tú me pedías, ¿y tú qué? ¡Nada! Solo tenías que hacer una sola cosa María y era amarme, amarme como yo a ti, pero no, no lo hiciste. ¿Por qué María? ¿Por qué? ¡Te odio María, desgraciaste mi vida, hoy por ti soy una basura, mírame, mírame, te digo que me mires!; está bien, si no me quieres mirar no me mires... Perdón, no te voy a reclamar ahora, y menos en las condiciones en que estás, toda pintada de rojo, si pudiera cambiar mi decisión. Pero no, no la cambiaría. De rojo María, lo quiero rojo y de ningún otro, no me diste opción, así lo voy a dejar porque eso es lo que te mereces. !Te odio María!... María. ¿Recuerdas las caminatas por el parque? Todo era tan hermoso, ¿Por qué me hiciste cambiar el manto a rojo María? Yo no lo quería rojo, tú lo sabes. María, ¿Tu recuerdas los besos que nos dimos? Me hacen falta, ¿A ti no María? Ya lo sabía, me fui dando cuenta, los tuyos eran cada vez más fríos y dejados, como si fueran en tu contra; los míos sin embargo llenaban de vida a mi ser muerto, yo sentía María, yo sentía ese dulce que dejabas en mi, ¿y tú, qué sentías?... ¡Por eso es que no puedo María, no puedo dejarte María! Si no me hubieras dejado, hoy el manto sería blanco, todo sería diferente: tendriamos hijos, a la niña la llamaría María como tu, para acariciar mis oídos con tu nombre mas a menudo, caminaríamos de la mano como en aquellos tiempos, todo sería tan perfecto a tu lado María... !Pero ya no me importa nada, no tengo remordimientos, a fin de cuenta fuiste tú quien tomó la decisión de pintar el manto de rojo, de nada tengo yo la culpa aunque todos vayan a decir lo contrario...! Ahora te contemplo y recuerdo que cuando te conocí tenías la misma belleza que hoy veo en ti, creo que soy adicto a ti María, no creo que tenga nada de malo soñarte todas las noches, oler tu ropa interior en la cama, escribir tu nombre en las paredes y despertar llamándote entre sudores y lágrimas, que triste es María cuando no estás en ese momento... !Porque no era justo decidí escoger el manto de rojo María, yo te amaba y a ti no te importó! Los domingos nuestra casa era el paraíso, nos olvidábamos del mundo exterior y se lo dedicábamos al amor, tú cocinaba al medio día y yo podaba el jardín, claro, eso después de una mañana repleta besos y caricias. ¿Qué pasó María? ¿Por qué cambió todo? Amaba verte llorar en las noches del teatro, conmovida por una historia inventada, pero... ¡La nuestra, la nuestra es real María, y ahora el que lloro soy yo María...! pero ahora no, no me gusta verte llorar ahora, no es igual, no en esta ocasión. Ya me voy María, te dejo, quizás vaya a pintar mi propio manto de rojo y así terminar con todo, realmente no se, ya nada tiene sentido María, mi sentido eras tu, si te doy la espalda es posible que nada vuelvas a pintar, y nunca me vuelvas a ver, de eso estoy seguro. Si tan solo me hubieras amado como yo lo hice. Pero me alegro, me alegro que te quedes ahí, toda pintada de rojo, te lo merecías, pero te amo tanto. Me quiero ir. ¿Podré dar los pasos que me separan de ti María? ¿Podré retirarme y dejarte en las huellas de mis zapatos para que el viento se encargue de mis recuerdos? ¿Podré María? No se como hacerlo, quiero hacerlo, quiero olvidarte como tu lo hiciste, quiero dejarte atrás como tu lo hiciste, quiero... quiero... amarte María! Quiero tenerte María!! Te quiero conmigo María! !Vuelve María!...

 

Wellington Gómez

Primavera, mi nostalgia, mi anhelo, mi primavera, dormida en el invierno, descansas en mi piel, tu calidez me acompaña, pero no se deja ver, me habita, me tortura, me gusta.

Tus colores se niegan a mis ojos, puedo verlo todo, pero no tiene sentido. Tu aroma me huye, y yo te busco en el silencio de la hoja que cae, y espero, espero que al menos el viento me vuelva a levantar, y te veo tan distante, tan cerca que es imposible tocarte.

Primavera, mi primavera, mi nostalgia, mi anhelo.

W.G.

Partir es otra forma de quedarse amada mía, no llores, no me he marchado, lo puedes notar. Mira la cama, dime si no estoy ahí. Dime si no sientes el calor de mi presencia, dime si no cierras los ojos y me sientes, dime.
Mira la silla al lado de la ventana, ¿Acaso no me vez con un libro en la mano, tratando de aprender a escribirte un poema?
Mírame amada mía, no me he marchado, puedes notarlo, puedes sentirlo, siente mis manos rodeando tu cintura, y mi pecho en tu pecho. No me he marchado amada mía, no me he marchado. ¿Cómo podrías pensar que te he dejado, cuando conmigo te traje?

Del otrop lado, allá, donde solo veo eso, donde estoy, donde falto, donde vive la memoria y el olvido está naciendo. Allá habito, aunque no me vean, aunque no me sientan, estoy dormido.

Del otro lado, allá, donde siento que todo es eterno, donde todo siempre está naciendo, donde me espera mi destino final, mi eterno descanso y mi constante anhelo.

Del otro lado, allá, donde viven mis emociones, donde late mi corazó, donde la puesta del sol me espera, donde el rocío de la mañana me pregunta quien soy.

W.G.